¿Te ha pasado que sabes exactamente lo que tienes que hacer… pero no lo haces?

Sabes que deberías cuidarte más… pero no lo haces. Sabes que esa relación no te hace bien… pero no te vas. Sabes que necesitas cambiar… pero sigues igual.

Y entonces te juzgas. Te exiges. Te frustras. Y piensas que te falta fuerza de voluntad. Pero… ¿y si no fuera eso?

¿Y si dentro de ti hubiera una parte que quiere cambiar… y otra que está luchando por quedarse donde está?

Hoy, en Conversaciones de Diván, Santiago y Javier van a ponerle palabras a una de las luchas más invisibles… pero más determinantes de tu vida.

Porque el problema no es que no puedas cambiar… El problema es que dentro de ti… hay dos fuerzas que no están de acuerdo.

Era una tarde silenciosa. Santiago entró en la consulta con una sensación extraña. No era tristeza… tampoco ansiedad. Era algo más difícil de nombrar.

Se sentó, respiró hondo… y sin rodeos, miró a Javier.

—¿Alguna vez has sentido que lo que deberías hacer no lo estás haciendo? —preguntó Javier, apoyándose ligeramente hacia delante.

Santiago soltó una pequeña risa, pero no era de humor… era de reconocimiento.

—Todo el tiempo —respondió—. Sé lo que tengo que hacer. Sé lo que me conviene. Pero no lo hago. Y eso es lo que más me desespera… porque no es ignorancia, es… incapacidad.

Javier lo miró con calma.

—No es incapacidad, Santiago.

—¿Entonces qué es? Porque ya no sé qué pensar.

—Es conflicto.

Santiago frunció el ceño.

—¿Conflicto conmigo mismo?

—Exacto. Dentro de ti hay una parte que quiere cambiar… y otra que no.

—Pero eso no tiene sentido —replicó Santiago—. Si sé lo que me conviene, ¿por qué no lo hago?

Javier hizo una pausa antes de responder.

—Porque saber no es lo mismo que querer. Y querer no es lo mismo que poder.

Santiago se quedó en silencio unos segundos.

—Explícate.

—Imagina que dentro de ti hay dos fuerzas —continuó Javier—. Una es tu parte racional, la que entiende, analiza, decide. Y otra es tu parte emocional… la que siente, teme, reacciona.

—Eso lo entiendo.

—Bien. Ahora imagina que tu parte racional es como un jinete… y tu parte emocional es como un elefante.

Santiago sonrió ligeramente.

—¿Un elefante?

—Sí. El jinete cree que manda… pero quien tiene la fuerza es el elefante.

Santiago bajó la mirada.

—Entonces… no tengo el control.

—No del todo. O mejor dicho… no de la forma en la que creías.

—Entonces, ¿todo lo que nos dicen de la fuerza de voluntad…?

—Está incompleto.

Santiago levantó la mirada.

—¿Incompleto?

—Sí. Porque puedes entender lo que tienes que hacer… pero si emocionalmente no estás preparado… no lo vas a hacer.

—Eso explica muchas cosas… —murmuró Santiago.

—Y hay algo más —añadió Javier—. Muchas veces no cambias… no porque no puedas… sino porque una parte de ti no quiere.

Santiago apretó ligeramente los labios.

—Eso duele.

—La verdad suele doler antes de liberar.

—Pero entonces… ¿soy yo el que se está saboteando?

—No. Eres tú… intentando protegerte.

—¿Protegerme de qué?

—Del miedo.

Santiago se quedó inmóvil.

—¿Miedo a qué?

—A cambiar. A equivocarte. A perder. A no ser suficiente.

—Pero si quedarme como estoy también me duele…

—Claro. Pero es un dolor conocido. Y la mente prefiere un dolor conocido… antes que un miedo desconocido.

Santiago respiró hondo.

—Entonces estoy atrapado.

Javier negó con la cabeza.

—No estás atrapado. Estás dividido.

—¿Y qué diferencia hay?

—Que estar atrapado implica que no puedes salir. Estar dividido significa que hay una parte de ti que quiere avanzar… pero otra que tira hacia atrás.

Santiago guardó silencio unos segundos.

—Y… ¿cómo se resuelve eso?

Javier lo miró con firmeza.

—No se resuelve luchando.

—¿Cómo que no?

—No puedes avanzar si una parte de ti está en guerra con la otra.

—Entonces… ¿qué hago?

—Alinearte.

Santiago frunció el ceño.

—No lo entiendo.

—Cambiar no es imponerse —explicó Javier—. Es conseguir que todas tus partes vayan en la misma dirección.

—¿Y cómo se hace eso?

—Primero, dejando de exigirte como si fueras una máquina.

Santiago soltó una pequeña sonrisa.

—Eso me cuesta.

—Lo sé. Pero fíjate en esto: tú no fallas porque no sepas lo que hacer… fallas porque no te estás escuchando.

—¿Escuchando qué?

—La parte de ti que se resiste.

—¿Y por qué debería escucharla… si es la que me bloquea?

—Porque esa parte no quiere fastidiarte… quiere protegerte.

—¿De qué?

—De algo que tú todavía no estás viendo.

Santiago se quedó pensativo.

—Nunca lo había visto así.

—La mayoría no lo hace —respondió Javier—. Por eso luchan contra sí mismos… y se desgastan.

—Entonces… en lugar de obligarme…

—Pregúntate.

—¿Qué me pregunto?

—¿Qué parte de mí no quiere esto… y por qué?

Santiago repitió la pregunta en voz baja.

—¿Qué parte de mí no quiere esto… y por qué?

—Exacto.

—Y si descubro que es miedo…

—Entonces no lo elimines… acompáñalo.

—¿Acompañarlo?

—Sí. El miedo no desaparece porque lo ignores… desaparece cuando lo entiendes.

Santiago respiró más lento.

—Esto cambia mucho las cosas…

—Lo cambia todo.

—Porque siempre pensé que tenía que forzarme.

—Y eso es lo que te agotaba.

—Totalmente.

—El cambio real no nace de la presión… nace de la comprensión.

—Entonces… ¿no necesito más disciplina?

Javier sonrió.

—Necesitas dirección… emoción… y contexto.

—Explícate.

—Dirección: saber hacia dónde vas.
Emoción: sentir por qué quieres ir.
Contexto: crear un entorno que te lo facilite.

—Creo que yo solo tenía la dirección…

—Por eso no avanzabas.

Santiago asintió lentamente.

—Tiene sentido.

—Y hay algo más importante todavía.

—¿Más?

—Sí. Tienes que dejar de intentar cambiar tu vida entera.

—¿Entonces?

—Empieza pequeño.

—¿Pequeño?

—El elefante no responde a cambios gigantes. Se asusta. Pero sí responde a pasos pequeños.

—Eso es mucho más asumible…

—Porque es real.

Santiago sonrió por primera vez con sinceridad.

—Por primera vez… siento que esto no es imposible.

Javier lo miró fijamente.

—Nunca lo fue.

—Solo que lo estaba haciendo mal.

—No mal… incompleto.

Santiago se quedó en silencio.

—Entonces… no tengo que convertirme en alguien nuevo…

—No.

—¿Entonces qué tengo que hacer?

Javier hizo una pausa… y respondió despacio:

—Tienes que reconciliarte contigo.

Santiago bajó la mirada.

—Eso suena… profundo.

—Lo es.

—Porque llevo años intentando cambiarme… sin entenderme.

—Y por eso no avanzabas.

Santiago levantó la mirada.

—Entonces… el problema no era que me faltara algo…

Javier terminó la frase por él:

—Era que había algo dentro de ti… que no estaba alineado.

Santiago asintió.

—Y eso… lo cambia todo.

Javier se reclinó ligeramente.

—Siempre ha estado ahí. Solo que ahora lo ves.

Santiago respiró hondo.

—Entonces… el cambio no empieza cuando hago algo distinto…

—Empieza cuando te miras distinto.

Silencio.

Un silencio distinto. Más claro. Más ligero.

Santiago rompió ese silencio con una última reflexión:

—Quizá no necesito exigirme más…

Javier respondió con suavidad:

—Quizá necesitas dejar de luchar contigo.

Santiago sonrió.

—Y empezar a estar de mi lado.

Javier asintió.

—Ahí empieza todo.

Santiago se levantó más despacio de lo habitual.

—Javier…

—Dime.

—Creo que hoy no he aprendido algo nuevo…

—¿No?

—He entendido algo que ya sabía… pero no quería ver.

Javier sonrió.

—Eso es aprender de verdad.

Santiago se dirigió hacia la puerta… pero antes de salir, se giró:

—Entonces… el cambio no está en hacer más…

Javier lo miró fijamente.

—Está en dejar de resistirte a lo que ya eres capaz de hacer.

Santiago asintió.

—Creo que hoy… empieza algo distinto.

Javier respondió con calma:

—No empieza hoy.

—¿No?

—Empieza en el momento en el que decides dejar de luchar contigo.

Santiago sonrió… y salió.

Y ahora te pregunto a ti…

¿Estás intentando cambiar tu vida… o estás intentando dejar de sentirte mal?

Porque no es lo mismo. Porque el cambio real… no empieza fuera. Empieza dentro.

Si te gustan estas temáticas, suscríbete al canal de YouTube Cambia el Chip Mental, www.youtube.com/@cambiaelchipmental, en el que abordan temas apasionantes relacionados con la psicología, la filosofía, el coaching y el crecimiento interior.

Si te gusta, compártelo con quien creas que lo puede necesitar

José Pomares

pomares@josepomares.es

www.josepomares.es

+ 34 620971455