Entre convivir (vivir con otros) y tener convivencias (compartir vivencias) la diferencia es evidente.

La misma que entre una casa y un hogar. En la primera se viven hechos, sin más trascendencia que lo que ocurre tras el paso del tiempo. En el hogar hay acontecimientos, dar sentido a lo que hacemos y para qué lo hacemos, sacando nuestra mejor versión y poniendo nuestras experiencias al servicio de los demás.

Siempre me he ocupado que en el lugar donde pasamos el 80% de nuestra vida, en el trabajo, logremos compartir vivencias y no simplemente convivir (es mucho tiempo el que nos jugamos…)

Pero las relaciones entre las personas no son fáciles.

Si no hay TRANSPARENCIA entre el equipo humano difícil será avanzar. Es la base de la confianza. Y pruebe tener una relación sin confianza.

Entre dos, lo que no se dice y no se habla se acaba haciendo.

Una transparencia que también hable de nuestras limitaciones, sin miedo y con humildad para saber trabajarlas,  y de nuestras fortalezas, que el otro pueda servirse de nuestras capacidades. No siendo independientes, sino contributivos.

Lo contrario a la transparencia será la APARIENCIA, gente que con tal de no quedar mal es capaz de pensar a medias, sentir a medias y actuar a medias. Curiosamente siempre a su conveniencia. Gente mediocre que valorará más el “qué dirán de ella” que saber que no a todo el mundo le podemos caer bien.

Es normal que en una relación, máxime al principio, se generen por actos o actitudes momentos de CONFUSIÓN. O de dudas. No es negativo. Lo patético es instalarnos o no hacer nada para salir de la confusión o la duda. Por si acaso me duele conocer la verdad.

Es posible que por esa vía acabemos no aceptando la realidad. Y esa no aceptación, al cabo del tiempo, puede ser pasiva, con resentimiento y resignación (analice si tiene en su compañía trabajadores así)  o activa, con rebeldía y resistencia (si tiene adolescentes a su cargo me entenderá bien)

Es verdad que cuando afrontamos la confusión y aceptamos la situación nos metemos en el mundo de los CONFLICTOS, que son naturales como el discurrir de la vida.

Y para su gestión necesitamos TIEMPO. En ocasiones confundimos la falta de tiempo con la ausencia de interés. Y en un conflicto, sin tiempo el sentimiento se va apagando y nace el resentimiento.

Y cuando el conflicto no es bien gestionado la reacción siempre es la misma por una de las partes que hace contagiarse a la otra. Me enfado, me escapo o me encierro e incluso voy alternando las tres actitudes simultáneamente. Lo contrario a esta reacción es la respuesta del encuentro, de sacar lo mejor de mi para ponerlo a disposición del bien común.

Y un conflicto bien resuelto lleva a una reconciliación basada en una COMUNIÓN, una unión en común entre las personas que hace más fuerte las relaciones.

Ejerciendo la TERNURA. Hacer sentir a la otra persona que está ahí, ahora y en este momento, no de paso por su vida. Alcanzar su interior con mi ser, no simplemente con mi tener o hacer

La verdad, cuando está exenta de caridad, deja de ser verdad auténtica. Hay quien mata de “sincericidio” sin tener en cuenta que más importante que lo que dices es cómo lo dices.

En las relaciones muchas veces encontraremos DOLOR. Como decía San Agustín, el dolor es como el excremento de una vaca. Puesta en el salón de una casa será de mal gusto, pero en lugar adecuado para abonar la tierra dará sus frutos.

Dolor y sufrimiento son distintos. Uno es obligatorio. El segundo es opcional. E incluso un aprendizaje si se gestiona para fomentar la humildad y saber que no podemos con todo.

Había una máxima en el Antiguo Testamento “no hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan a ti”. Ese es el suelo. En el Nuevo Testamento nos explican que no hay techoHAZ AL OTRO LO QUE TE GUSTARÍA QUE TE HICIERAN A TI”.

Esa sí es la “Regla de Oro” de las relaciones.

Cuanto más conozco al ser humano más sencillo me parece gestionar empresas. No por la motivación, sino por la educación. Los valores que buscamos en las personas para desarrollar un alto desempeño solo lo podremos obtener si lo dejamos florecer del interior de cada persona. El amor y el entusiasmo con que las personas hacen su trabajo no se puede comprar

Porque creo, de corazón, que los buenos somos muchos más que los malos. Aunque los malos hagan más ruido que los buenos. Igual que hace más ruido un árbol cayendo que cien creciendo.

Al final de mis seminarios me gusta dar, como resumen, algunas indicaciones que no consejos porque no soy quien para darlos, que podrían basarse en las siguientes premisas:

  • Hemos de dar RESULTADOS, no justificar el tiempo dedicado (no me digas lo que has hecho, dime los resultados conseguidos)
  • REVISA tus resultados todos los días. Saca conclusiones del día dedicado y evalúate.
  • No te instales en las QUEJAS. Rechaza los pensamientos negativos. Lo semejante atrae a lo semejante. Prueba vivir un mes sin quejarte
  • Mientras que respires, tienes algo que APRENDER. No pares de formarte
  • BUENA GENTE. La generosidad es lo que une a las personas. En los momentos difíciles, tenemos que tener un equipo profesional, pero sobre todo buenas personas.
  • AMA lo que haces. Disfruta con lo que haces. Nunca tendrás que trabajar
  • Sé un SEDUCTOR. Vive seduciendo. Las decisiones las tomamos por emociones, mucho más que por razones.
  • ENTRÉNATE La diferencia entre el querer y el poder se consigue entrenando.

Nadie dice que esto sea fácil. Pero tenga fe en conseguirlo. La fe no hace que las cosas sean más fáciles, pero si posibles.

JOSÉPOMARES

Profesor, coach, conferenciante y consultor de empresas. Solucionador de problemas , optimizador de tiempos.

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