No podemos mejorar lo que hacemos si antes no mejoramos lo que somos. Sin embargo, dedicamos mucho tiempo a cómo trabajar mejor y muy poco a cómo ser mejores personas. Y antes que profesionales somos seres humanos.

Lo digo siempre a los empresarios que quieren contar con mis servicios para que hable a su personal. Es imposible que alguien vaya a trabajar con la misma predisposición el día después de su luna de miel que el de haber enterrado a un ser querido.

Ser líder no es una cuestión de técnicas, sino de un propósito personal. No por comprar un piano eres pianista, ni por tener un hijo un padre o madre, ni por dirigir un equipo se es un líder. 

Decía San Agustín algo que deberían conocer los gurús del management empresarial y aplicar nuestros directivos sin excepción.

En lo Esencial, UNIDAD, en lo Importante, LIBERTAD y en Todo, GENEROSIDAD

Unidad no es uniformidad. No se trata ahora de ser “coreanos del norte”, ni de capar ni limitar nuestra creatividad individual. Son principios y valores nucleares sin los cuales una organización no puede aspirar a alcanzar su misión y visión empresarial.  Claves que consideramos como objetivos indispensables. Y tienen que hacerse explícitos. No vale con suponer.

Todo conocimiento que no se transforma en vida es conocimiento perdido. Si lo que una empresa piensa y siente por medio de sus dirigentes luego no se hace, no habrá ejemplo, ni congruencia ni coherencia. Y los empleados cumplirán pero no estarán comprometidos. Aparte de ser creyentes, hay que ser creíbles.

El libre albedrío es un don que se nos otorgó en exclusiva a los seres humanos. Nadie más lo tiene. Ese don nos da la capacidad de elegir, de decidir libremente. Pero ese regalo que se nos concedió puede convertirse en nuestra propia trampa. Si no lo utilizamos bien nos impedirá realizarnos plenamente. Y el ejercicio de ese don es lo que llamamos libertad.

La libertad permite que las personas que están en la unidad se encuentren bien y expresen lo que piensan y sientan para poderlo hacer.

Y una cosa es tener libertad y otra ser libre.

Yo puedo tener la libertad de HACER una serie de acciones, pero solo seré libre si ejerzo esa libertad en beneficio de mi plenitud personal, de mi SER. Tengo libertad de comprar alcohol (HACER) pero si daña mi salud al depender de necesitar beber, atentará a mi SER y dejaré de ser libre. Y tenemos que aprender a ser libres y educar a los nuestros a que lo sean.

Para saber elegir bien hay que decidir y prescindir bien. La libertad es el privilegio de elegir lo mejor, no lo fácil. Lo más difícil es saber decir no.

Y en todo GENEROSIDAD. Es distinto al respeto. El pegamento del grupo humano es la generosidad. La generosidad acerca, el respeto no (cada uno queda en su lugar).

No eduquemos en la obediencia, eduquemos en la convicción. No tengamos gente involucrada (gente que vive por obligación), sino comprometida (sintiéndose responsable)

Hoy sigue existiendo un modelo de empresa inconsciente basada en exclusiva en un sistema que en muchas ocasiones deshumaniza al individuo con la intención de hacerle más productivo y manipulable, con el fin de que sea más predecible y controlado en sus reacciones y emociones.

El paradigma actual de ese tipo de instituciones es que la empresa  está orientada a la maximización de la producción, pero no de la felicidad de su activo humano, sin el cual no existiría.

Y bajo ese sistema se crea división y competencia entre los propios departamentos, que sostienen monólogos en vez de un verdadero diálogo. Es el “egoísmo departamental”.

Nadie escucha a nadie, pues lo importante es demostrar que se tiene razón y que mi departamento consigue los resultados previstos, imponiendo una perspectiva sobre los demás sin apenas importar el bien común. Y la palabra “bien” sólo se puede conjugar en plural, no en singular (piense en los suyos)

Eso llevará a una inconsciencia individual que es el victimismo, que permite que la persona no se enfrente al miedo existencial de ser libre y responsable.

En vez de asumir el liderazgo de su vida, la víctima prefiere culpar a sus circunstancias y a los demás de todo.

Hoy más que nunca necesitamos directivos que potencien y trabajen sobre su autoconocimiento y desarrollo personal, de manera que poco a poco revisen sus creencias sobre cómo gestionar a las personas redirigiendo su estrategia para dejar de formar parte de los problemas del mundo y comenzar a asumir la responsabilidad incondicional de solucionarlos.

El fin es construir valor a través de valores, convirtiendo el conocimiento en actitudes y conductas conscientes.

Conocimiento que se convierta en vida. Porque la vida no es un acto a ejecutar, es una actitud a adoptar.

Y hemos de tener claro cuál es nuestro propósito y el de nuestra gente. A mayor claridad, mayor conciencia, y a mayor conciencia mayor compromiso. Y a mayor confusión, mayor ignorancia, y a mayor ignorancia, mayor indiferencia.

Muchas veces escuchamos eso de “alcanza tu sueño”. Pero hay dos tipos de sueños. Los accidentales y el esencial.

Sueños accidentales son aquellos que tienen que ver con la obtención de cosas materiales, muy loables todos ellos, pero si sólo te mueven esos sueños uno termina siendo adicto a los mismos.

Y ahí empiezan las luchas de los egos en la persona y en las organizaciones. Por ese camino, en solitario, acabaremos en un mundo cuantitativo, con una motivación peligrosa ya que serás dependiente de lograrla, olvidándose de los demás cuando se consiguen.

Las empresas que sólo generan en sus equipos sueños accidentales están edificando a su gente sobre arenas movedizas.

Los sueños accidentales han de acompañar siempre al sueño esencial, que no es otro que alcanzar la mejor versión de uno mismo.

El exceso siempre enferma, la excelencia no. El éxito está fuera y no depende sólo de ti. La excelencia está dentro y sí es una cuestión propia. Se puede TENER éxito pero se ES excelente.

Llevar tus talentos y tus fortalezas al bien común, no solo para mi sino ayudando y contribuyendo para que los demás también lo consigan.

Hoy ya no se necesitan sólo gente que haga bien el trabajo sino gente de bien que trabaje. No es sólo lo que haces sino cómo eres. Es más crucial el ser que el hacer.

Los conocimientos no enamoran, contagia tu forma de ser. Y pregúntese que está contagiando a los demás. Si hay algo por lo que tenemos que luchar permanentemente es por lograr superarme cada día y ser mejores personas.

¿Y qué es eso de ser mejor persona?

Por la educación que hemos recibido podríamos respondernos que consiste en cumplir las normas (éticas, espirituales, sociales…) que se nos han impuesto desde pequeños. Pero de esa forma quedaríamos simplemente en el cumplimiento.

La novedad de este cambio de época es que hemos de ser capaces no de cumplir normas, que además son variables en tiempo y espacio, sino de sacar nuestra mejor versión, de alcanzar el compromiso.

Y para ello habría tres preguntas que todos deberíamos reflexionar para responderlas y de esa forma comprometernos ante nosotros mismos cuando fallemos por cualquier motivo.

¿Qué dejarías de hacer que estás haciendo ahora? Piense en sus malos hábitos y cámbielos por los contrarios que le hagan crecer hasta llegar a la excelencia.

¿Qué no estás haciendo que tendrías que hacer? Posiblemente le saldrá una larga lista si responde de forma profunda, pero empiece por el primer paso para prepararse a la larga caminata sin desesperación.

¿Cómo harías lo que estás haciendo? Imagínese lo mejorable que son nuestras actuaciones a día de hoy. Usted puede saludar a su llegada al trabajo, pero el saludo puede ser de amargura, rencor, desesperación… o contagiando alegría.

Si lo anota le ayudará a corregirse y no engañarse.

Obviamente no fuimos educados así porque a esta sociedad de consumo lo que le interesa es que nos consumamos teniendo y haciendo, no siendo.

Y si logro ser mejor persona, podré ayudar a los demás también a serlo. Hay quien me dice que “yo no hago mal a nadie”, pero aquí no hemos venido a no hacer el mal, sino a hacer el bien. Lo primero, no hacer el mal, sería nuestro suelo, pero hacer el bien no tiene techo.

Y crea que lo puede conseguir. La fe no hace que las cosas sean más fáciles, hace que sean posibles

Decía Van Gogh que su secreto era que “soñaba sus cuadros y luego pintaba sus sueños”.

Yo quiero soñar mi vida y pintar mis sueños.

José Pomares

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